Las personas no pueden sentirse satisfechas hasta experimentan el amor transformador e incondicional del Señor, ya que Dios desea que siempre sientas de cerca su presencia.

 “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Dijiste, oh alma mía, á Jehová: Tú eres el Señor: Mi bien á ti no aprovecha; Sino á los santos que están en la tierra, Y á los íntegros: toda mi afición en ellos.” Salmos 16:1-3

Hace algún tiempo visité la casa de unos amigos de la familia a quienes no veía hacía algún tiempo. Siempre recordé que esa casa era muy bonita y en ella reinaba un hermoso clima de fraternidad y armonía. Mis amigos habían tenido tres hermosos hijos y ellos realmente eran encantadores. Recuerdo como si hubiera sido ayer cómo los tres pequeños jugaban todo el día entre ellos. Sin embargo, el tiempo había pasado y los tres niños desarrollaron personalidades bastante distintas, al punto en el que no pude recordarlos ni identificarlos de ninguna manera.

Me llamó la atención el hijo del medio, quien resultó ser una persona bastante retraída que casi no salía de su habitación y era fanático de la música pesada. Su madre nos comentó que se comportaba de esa manera desde hacía varios meses, mostrando devoción absoluta por un músico en particular, quien no viene al caso. Aquello me dejó meditando acerca de cómo muchas veces todos podemos mostrar dos caras de una misma realidad. Por ejemplo, en público, la mayoría de las personas parecen felices y confiadas. Pero, en el fondo, muchas se sienten vacías. En realidad, se puede estar en medio de una gran multitud y sentirse solo.

“Se multiplicaron los dolores de aquellos que sirven diligentes á otro dios: No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi parte y de mi copa; Tú sustentarás mi suerte.” Salmos 16:4-5

Hay una razón que explica la sensación de vacío en la vida: Dios creó al hombre con un anhelo que solo Él puede satisfacer. La persona no puede sentirse satisfecha hasta experimentar el amor transformador e incondicional del Señor, ya que Dios desea que nos sintamos completos; lo cual sólo se logra por medio de una relación con Él.

No obstante, una persona creyente puede sentirse vacía. A veces es el resultado de la desobediencia; un ligero desvío en nuestro caminar con el Señor puede convertirse después en un estilo de vida. También es posible que un creyente viva conforme a la Palabra de Dios, pero no haya rendido totalmente sus deseos a Dios. Por ejemplo, muchos hijos de Dios tratan de llenar su vacío con riquezas, éxitos o relaciones, pero cuando a esos deseos se les da mayor prioridad que al Señor, se convierten en una forma de idolatría. Solamente cuando buscamos a Dios por encima de todo lo demás, podemos vivir en plenitud. Oremos entonces pidiendo que Él nos dé su dirección para escuchar nuestro corazón. Es nuestro deber confesarle cualquier pecado o idolatría, y pedirle que llene nuestra vida como solo Él puede hacerlo.

“Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré á Jehová que me aconseja: Aun en las noches me enseñan mis riñones.” Salmos 16:6-7